Esta entrada se debería haber escrito el 11 de octubre de 2009
Así sin comerlo ni beberlo nos juntamos una docena de familiares más dos canes para irnos de excursión un domingo, pero no uno cualquiera, sino el domingo más caluroso de todo octubre, y justo el domingo que te olvidas de la gorra y el paraje no tiene ni un solo árbol que te cobije. Se avecinaba cogotecangrejo.
Todo empezó con un bulo, un par de correos y ala, domingo madrugón al estilo del master mochilero de los García (apaciguado por las gestiones de mi hermana, sino hubiéramos salido a las 7 de la mañana).
Tengo que aclarar que como en cada sierra hay una roca foradada, nosotros nos fuimos a la de Sant Carles de la Ràpita, a una hora de camino de nuestras humildes moradas.

Mapa de la excursión

Perfil de altura (sólo hasta la Roca Foradada)
Parte del clan se desplazó hacia San Carlos y allí dejamos algunas integrantes que no iban a caminar, pasaron el día paseando y tomando el sol en la playa.
Nosotros salimos del pueblo y nos fuimos dirección a un polígono industrial pasado el cementerio. Allí sale un camino asfaltado que en su fin tenías el aparcamiento para coches. Ni que decir que mucho antes de llegar al aparcamiento ya tuvimos que apearnos y dejar el coche aparcado en algún margen del camino. Se avecinaba romería al más puro estilo Cola de Caballo.

Pista asfaltada donde dejamos el coche
Pues nada, servidor, se montó la mochila de las excursiones, la bolsa de la cámara de fotos, con pantalones largos porque claro, como íbamos a tierras del Ebro haría viento y al estar en octubre ya haría frío. Error! No sirvo como meteorólogo. Ya me estaba asando y aún no había empezado a andar. Cocío me iba a quear.
El camino empieza por un sendero hasta dar con el GR92. Esta parte aún entre bosques. A una hora de camino nos encontramos con la Font del Burgar en medio de un encinar, que más que fuente es abrevadero, vamos que ni con la Brita haces que el agua sea medianamente potable (a mi cabeza me vienen las sabias palabras del máster: “pero si ahí se mean las vacas y las cabras…”).

El desfile de subida por el sendero

Adentrándonos en el bosque

Bordeando el barranco
El sendero sube sin dejar respiro por dentro de un barranco, hasta llegar a los llanos donde está la masía Mata-Redona, ya reducida a las ruinas y donde paramos en el único árbol disponible para parar, se acabó el bosque y yo a pelo. Gracias a que tengo un tupido pelo negro que atrae más el calor…

Para no olvidar de donde subimos

Llegando a los llanos de Mata-Redona

Restos de la masía de Mata-Redona

Cobijándonos en la única sombra
Rodeados de madroños, a modo de avituallamiento (ojito si están muy maduros que emborrachan), seguimos el sendero pelado por donde lo único que nos hacía sombra eran los arbustos que nos llegaban a las rodillas.

Sendero de ascenso

Nuestro objetivo, el peñón
El sendero se bifurca en dos, por la derecha el camino largo y menos empinado, por la izquierda, el camino corto y empinado. ¿Cuál escogimos? El de la derecha, que íbamos con niños…

A nuestro paso por el cruce
Aunque cogiéramos el de la derecha, este estaba empinadísimo. No me imagino como debía ser el otro. Ya he escuchado de más de uno que los de estos lares compiten con los vascos a bestialidad, sin ningún menosprecio, que les tengo cariño!
Tras pasar un cuello, y después de 2 horas en la tostadora llegamos a la Roca Foradada (700m +/-), un agujero hecho en la roca que a través de él puedes observar el Delta del Ebro, en concreto la Banya, esa especie de brazo que tiene.

Paso por el cuello, al fondo Els Ports

Lo que se ve a través de la roca, la Banya

Una vista general de la Roca Foradada
Al estar en la sierra por un lado puedes observar las montañas situadas más al interior, como els Ports de Beseit, y por otro todo el litoral. La verdad es que hizo un día espléndido para hacer fotografías de paisaje, un día idóneo para utilizar el polarizador.

Mi hermana, en medio de la sierra

La Banya y San Carlos de la Rápita

Panorámica del macizo dels Ports de Beseit

Hasta tuve la ocasión de entretenerme con unas libélulas, que amablemente posaron para mi deleite.



Como toda buena caminata, se descansa y se llena el buche. Así que una vez arriba dimos cuenta de los víveres que llevamos. Que bien entran esos bocadillos, esos rosegones, el chocolate… y como no, no pudo faltar el magro de cerdo Apis!!!! Desde tiempos inmemoriales forma parte de nuestra gastronomía montañeril! Eso si que es una marca fiel a un producto.
Como postuló Newton en su primera ley, lo gravedad atrae a todos los cuerpos hacia la tierra (o vulgarmente, todo lo que sube baja), nos tocó bajar. No sin antes hacer la foto de familia.

Ahora tocaba tostarse por el otro costado, llegaríamos como los pollos al ast, bien doraditos y sudorosos, mmmm…

Las bajadas siempre son aburridas, ir por el mismo sitio que subes, ya tienes ganas de llegar al coche, escasez de alimentos, cansancio, etc. Al menos me marqué un objetivo, intentar seguir a Silvia, que en las bajadas no hay quien la pille, es como una cabrilla, se desliza ágilmente roca a roca.
Ya en el coche nos fuimos para San Carlos a buscar al resto de la familia y darnos un paseíllo por el paseo marítimo, o eso creo que era…


Se dice se comenta